13/07/2022
Lo mas lindo de vender tamales era verle a ella.
Llegaba alegre, fresca e inalcanzable.
—–
La miraba atentamente y deseaba tomarle una foto, pero sería tan inapropiado.
Siempre que la veía solo podía pensar en tener un álbum solo de ella, pero era imposible.
¿Y si en lugar de un álbum de fotos tenía un diario y dibujos?
Entonces empecé a llevar a la panadería un cuaderno grande, un lapicero y colores.
Empecé a escribir sobre ella cada día:
- Su vestido
- Como tenía el cabello
- si se veía alegre, triste, apurada o relajada
- Cuántos panes compraba
- Si me compraba un tamal
- Si compraba algún dulce o lo que fuese
- La hora en que venía
- Si hacía mucha cola
- Si trajo o no su mascota
También trataba de hacer un dibujo de ella, pero como no se dibujar muy bien, hacía lo que podía.
No la dibujaba entera, a veces solo en lo que me enfocaba en algo que deseaba capturar, algo distinto cada vez, algo que me atrajera ese día.
Dibujé varias veces su rostro, a veces solo su mirada.
Otros días solo sus labios, Qué sería de la dicha de besarlos, varias veces solo dibujé sus labios.
Sus piernas, a veces sus manos sosteniendo las monedas
Dibujé sus nalgas, otras veces su cintura y la correa que la rodeaba, a veces su vientre.
Siempre que venía con falda, eso dibujaba.
A veces sus senos si percibía que no llevaba sujetador.
——
Recuerdo que dibujé sus orejas; a veces con algún arete curioso.
Aprovechando que tenía el cuaderno en esa misma hoja, como ponía la fecha, aprovechaba para llevar la cuenta de cuantos tamales vendí, cuántos de chancho y cuantos de pollo.
Cada hoja tenía escrito algo de ella, dibujado algo de ella y los tamales que ese día vendí.
——
¿Por cuánto tiempo lo haría? No lo sé.
Dibujaba su cuello, pensando en tocarlo y en morderlo; imaginando que fui yo el que le regaló esos collares que a veces llevaba, aunque no fuera cierto.
¿Seré un mal tipo? Uno oculta lo malo y yo le oculto a todos esto que hago.
Dibujé sus zapatos, zapatillas, a veces me daba cuenta cuando traía algo nuevo.
Dibujé su mano apoyada en el manubrio de la bicicleta que algunos días llevaba.
Dibujé sus dedos pasando por sus cabellos, al lado qué yogurt compró, los 10 panes de maíz que llevó y abajo los 18 tamales que vendí.
Luego de noche en casa, cuando pasan los días contemplo mi cuaderno y luego de contemplarlo, reviviendo el momento, los detalles que resalté y las ventas que pude hacer… no me atrevo a decirte que más hago tan solo.
——
¿Hasta cuándo seguiré así?
¿Debería ser siempre mi secreto?
¿Debería regalárselo?
Entonces pensé que cuando llegara a las 100 páginas se lo regalaría. Entonces también empecé a enumerar cada hoja de mi álbum.
No importa si venía varios días vestida similar, cada día yo encontraba algo distinto, y cada día dibujaba una parte distinta de ella, siempre había algo nuevo decir, algo nuevo que sentir.
Se iba acercando el día en que llegaría a la hoja numero 100 y me ponía más ansioso, entre alegre y nervioso, entre orgulloso y preocupado.
Escribía también de cómo olía, si es que ella y su perfume llegaban a mi.
——
Me gustaba especialmente cuando venía hablando por teléfono, porque escucha más su voz, y trataba de apuntar alguna frase o palabra que ella dijese para anotarlo citándola:
- “Ese lugar no me gusta”
- “Ella nunca escucha”
- “Si, de todas maneras, voy”
- “Estoy apurada, te llamo luego”
Luego las leía de noche e imaginaba que era conversaciones que tenía conmigo.
Y llegué a la página 100; casi un año dibujando; no siempre venía a comprar y no siempre estaba yo vendiendo aquí.
Cuando pensaba en regalarlo me daba pena, me había costado mucho y lo quería para mí.
¿Y si me odia? ¿Si llama a la policía? ¿Puede alguien odiar el amor que le dan?
Pero en mis sueños se lo doy, le encanta, me abraza, me besa y me agradece.
No se si seguir mis sueños y dárselo.
——
¿Qué dices tú? ¿Me lo quedo o se lo doy?
















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