En tus manos

14 04 2017

Como hacen los niños, camino sobre mis dedos y subo a tu mano.

Bailo sobre tu palma, cual pequeño ser en alabanza a su imponente diosa.

Y subo sobre tu brazo, dando pasos alegres, y en cada paso te cuento algo agradable que te hace sonreir.

Llego a tu hombro, trepo entretenido tus cabellos hasta alcanzar tu oído para contarte un secreto y así compartir algo solo entre tú y yo.

Salto a tu rostro y toco tu mejilla para verte sonrojar.

Y paso lijero sobre tus labios para sentirlos como en un beso.

Y es por esto que toco tu rostro cada escaso momento que puedo.





Ojos reposados

9 04 2017

Qué paz da verte.
Mirate es como dejar descanzar los ojos sobre tu silueta,
que invita a olvidarlo todo,
que lleva a soñar contigo.





Salir a pasear a diario

1 04 2017

Tu modo delicado y cuidadoso, me hace sentir como si trataras de cruzar un lago calmo y profundo y no quisieras caerte, ni tan solo mojarte.

Tu forma de ir así, te hace ver tan elegante, que no puedo mas que girar y observarte.

Es como si cruzaras sobre un curioso camino de pequeños bloques de madera flotante que apenas resisten tu peso a flote y atraviesan todo el lago, como un gracioso sendero.

Te acompaño en tu camino, nadando, jugando en el agua, mirándote y escuchándote porque me hace tan grata compañía estar cerca de ti.

Te diriges a mi con palabras de cautela, “no deberías andar así; puedes ahogarte o lastimarte.”

Y das sobre ellos pasos tan cuidadosos,  que se hace atractivo verte, como una danza que lleva tu propio ritmo. Un paso a la vez, en cada bloque flotante, en un lago que parece calmo, pero percibes traicionero.

En cada paso un riesgo y en cada paso un destino seguro. Y me deleita verte, por eso asomo sobre el agua para observarte.

Y al final del lago sigues tu camino en tierra firme.

Me gusta ver como escoges en el bosque los frutos con tanto cuidado, mientras lo cruzas, apoyándote sobre los árboles, para no lastimarte.

Te sigo acompañando en tu camino, subiendo a los árboles, saltando de rama en rama, contento de ir contigo, mirándote y escuchándote.

Miras los frutos siempre con detenimiento y al verme me dices “No saltes así, te vas a caer”; “no comas cualquier cosa, te vas a enfermar”… y lo atento de tu voz y el afecto en tu cuidado me hacen sentir cariño y ponerte atención

Y al final del camino, cuando se acaba el día; llegamos ambos a nuestro destino, para despedirnos y extrañar instantáneamente tu compañía tan agradable. Solo para esperar que vuelva salir el sol y volver a ir contigo por el mismo camino un día más.





Vengador de ensueño

30 11 2015

Él no conciliaba el sueño. Esto le llevaba buscar algo que leer, mirar televisión, a veces incluso a caminar dando vueltas alrededor de la casa.

Era una situación muy irritante. Quizá era el estrés del trabajo, los proyectos que se acumulan con fechas que no entienden razones.

Era un círculo vicioso: El estrés del trabajo le impedía dormir; el no poder dormir le hacía más difícil el trabajo y esto le generaba más estrés. El estrés adicional le impedía dormir bien.

Parecía una trampa sin fin.

Ya harto de la situación fue a su escritorio miró hacia el cielo y exclamo “¡Odio al mundo!”.

Encendió su computadora y empezó a programar.

Tituló al programa como “Venganza”. Y empezó a digitar con fastidio en su rostro, golpeando insistente el teclado, observando irritado la pantalla.

Por ratos se tomaba la cara y contemplaba la pantalla; pero solo un momento para luego retomar la escritura.

“¡Los odio, los odio!” se repetía.

“¡Quiero vengarme del mundo!” decía levantando la voz.

Y era como si junto con la cólera sus neuronas brillara, su mirada se avivara y su pulso arremetiese alimentando su mente… para facilitarle todo.

Ágil y descompilando, iba elucubrando en su cerebro y desarrollando con sus dedos su venganza.

 

Avanzaba la noche y cada vez su escritura tomaba más forma; su resentimiento iba haciéndose de un cuerpo.

 

Era como tirarse sobre ruedas por una pendiente; ya no podía parar. Y los códigos destellaban ante sus ojos, emanando de sus manos.

Y no paró hasta el amanecer.

Con el alba sobre si, se detuvo; sonrió mostrando los dientes… quizá como mirándose en un espejo, viendo su alma, sus emociones y su rostro reflejados en ese código. Así era él, así se sentía y así le conocerían.

Abrió el cajón de su escritorio y sacó un plumón rojo. Lo destapó y pintó una tecla con él.

Allí estaba, mente maligna, el botón rojo del villano. El que lanzaría su ataque final, su venganza contra el mundo para hacerles sentir su total crueldad.

Y con su mirada fija en el botón rojo, levantó la mano lo más que pudo allí sentado. Y dejó caer como una bomba su dedo sobre el botón; lanzando a la red de redes su venganza.

Ese día se fue contento a trabajar; en la oficina su sonrisa no se borraba. No parecía cansado; salvo las ojeras, Su ánimo fue el mejor y su falta de sueño ni se notó. La ansiosa espera lo tenía tan activo. Pero habría que esperar hasta el día siguiente.

Al llegar la noche, como siempre fue a casa, le quitó la batería a su móvil… y como nunca ni bien pegó la cabeza a la almohada durmió plácidamente.

 

De repente durante toda la madrugada cientos de miles de celulares empezaron a sonar. Alarmas de celulares de distintos lugares despertaban a sus dueños con sonidos estruendosos.

Los confundidos usuarios despertaban tensos para empezar la jornada; salir de la cama, empezar a cambiarse… hasta darse cuenta que sus alarmas habían fallado y les habían levantado en plena madrugada.

Durante el día y de noche, mientras el vengador dormía, el virus se había desplazado, llegando desde las redes a los móviles de cuanto usuario pudo, infectado a los contactos de uno y otro aparato; instalándose en ellos para programar los despertadores aleatoriamente entre las 2:00 y 4:30 de la mañana.

Ese día gente de diferentes lugares llegó refunfuñando. Varios compañeros de su oficina empezaron a comentar que algo raro les había pasado; que algo había sucedido con sus alarmas; pensaban que alguien del trabajo les había jugado una broma y les había activado las alarmas a esas horas. Todos ellos con el sueño interrumpido y desencajado.

Él sintió un regocijo inmenso. Su plan había funcionado.

Durante las siguientes semanas… aleatoriamente, las alarmas de los móviles de distintas personas empezaron a sonar siempre entre las 2:00 y las 4:30. No siempre dos días seguidos, a veces no , a veces sí. Molestando, fastidiando. Incluso a veces varias veces en la misma madrugada.

La red se fue extendiendo, de cientos de miles a millones, y de un país a otro.

De pronto el mundo entero sufría. La gente de todo el mundo iba atando cabo y comprendiendo que algo extraño pasaba; un día eran ellos, otro día un conocido o su pareja, sus hijos, su jefe, su proveedor, su cliente.

Entonces el mundo dejó de dormir en paz.

Reacciones diversas llenas de frustración se fueron presentando. Gente que despertaba gritando, otros artos lanzaban sus teléfonos. Algunos se deban cuenta que había un problema y quitaban la batería. Otros intentaban configurarlos y por algunos días parecía funcionar, hasta que nuevamente la tortura regresaba.

Se generaban discusiones en casa; culpando a la pareja, al hijo o a la hermana por quitarle el sueño al resto.

Los conflictos y la ira llegaban también al trabajo y lugares de estudio.

La aleatoriedad de los ataca por momentos daba tranquilidad solo para volver y general tal frustración.

 

Largas colas se hacían en las tiendas de las empresas de telecomunicaciones. Caos en todas partes originados solo con un impertinente sonido.

El vengador sentía que era como tumbar grandes muros de una fortaleza con una pequeña campana o un insignificante silbato.

 

Pasaban los meses y el asunto era insostenible. Las noticias empezaron a hablar de ello, en las redes también. Ya era claro que todos eran presa de un virus, un programa malicioso que les estaba haciendo la vida miserable. La dependencia a los celulares les hacía difícil alejarlos de ellos. Quitarles las baterías era algo molesto y en muchos casos era un problema pues no deseaban desconectarse nunca.

Empresas de sistemas empezaron a desarrollar un antivirus y con relativo éxito fueron detectando el problema. Otros programas afectados fueron enviando actualizaciones para evitar la maldición de la alarma aleatoria.

Aun nuevos aparatos y aquellos que aún no habían sido asegurados seguían sufriendo con la alarma.

Muchos aún quedaron afectados de los nervios; a veces despertando a media noche pensando en ese estruendoso ruido incontrolable.

El vengador fabricó un álbum negro; en el todas las portadas de diarios, declaraciones de personas refiriéndose al “virus de la alarma”, afiches coloridos, imágenes emotivas, fotos de celulares rotos de la frustración.

En ella también guardó en la primera hoja una foto de su teclado con el botón rojo.

Ahora, cada vez que no puede dormir o algo le preocupa, vuelve a ojear ese álbum negro que lleva en su tapa en letras blancas “Vengador de ensueño”.





El pastelito estafador

14 05 2014

Y esta es la historia

del pastelito estafador;

que con su aroma y dulzura,

estafó a mas de un millón.

Dijo “ya llego”, y no llegó.

Dijo “ya vuelvo”, y no volvió.

Yo la esperé

¿y qué hizo ella?… retozó.

Imagen





Dejar de ser gris

6 09 2013

Acaba la semana

y muy tarde, cuando no hay nadie,

va a ese barrio donde nadie le conoce,

donde tiene un pequeño lugar rentado

Donde está muy poco tiempo.

Solo 2 noches por semana

 

Allí se esconde para salir tan temprano

que casi nadie lo ve,

pero sale tan diferente;

llegó tan gris y ahora es un payaso.

 

Va por la calle hecho un payaso,

cara pintada y sonrisa grande

La gente lo mira

y ríe con él

 

Saluda todos, estrecha manos

da carcajadas

y besos también

 

Va corriendo, va bailando

o pegando saltos

Va tan payaso y la gente lo ve

Y ríen con él.

 

Recibe monedas,

Aunque nunca las pide.

 

A veces pone cara triste,

cara tan larga,

tanto como desee él.

 

Igual nadie se molesta, nadie le señala

Es un payaso, lo puede todo,

sin ser juzgado, ni criticado.

 

A veces regala dulces,

regala flores,

y canciones también.

 

La gente le recibe

pues es payaso, y todo lo puede dar,

sin pensar mal de él.

 

A veces lo ven manejando

no una bici, sino un triciclo.
Justo lo que quiere él.

Y va contento, pedaleando y silbando

con zapatos grandes.

La gente no le juzga,

Es un payaso

y se toman fotos con él.

 

Y así cada fin de semana

se vuelve payaso,

para dejar de ser gris

para dejar de fingir.

 

Porque descubrió

que solo siendo payaso

puede ser él.

 

Pero luego de 2 días

Y tantas alegrías…

Debe volver al gris

 

Vuelve de noche

a ese barrio donde no le conocen

para volver a ser gris

 

Y sale tan temprano

Sin sonreír, sin llorar.

Una sola cara, un solo color.

 

Para perderse entre todos y no resaltar

Para no ser otro que no quieran los demás

Y oprimir así su pecho, contener su pasión.

Y ser lo que debe ser,

Un hombre gris y sin corazón.

Jorge A. Baudouin





Necio licor

25 07 2013

Emiliano salía de la oficina donde trabajaba junto a unos amigos en un pequeño estudios que ellos mismos dirigían. Celebraban que estaban juntos que las cosas iban bien y su proyecto caminaba.

Fue una tarde de licores.

Emiliano estaba bebido, ebrio… lo acompañaba Ramiro, también tomado.

Dando pasos que parecían amagues llegan a la puerta del ascenso. Ramiro lleva su dedo para tocar el botón que llame al ascenso y Emiliano lo detiene.

 

Ramiro: “Oe… compare, qué te pasa?”

Emiliano: “no…”

Ramiro: “No qué?”

Emiliano: “No!”

Ramiro: “No me friegues, déjame llamar al ascensor”

Emiliano: “No podemos”

Ramiro: “¿Pero por qué no?”

Emiliano: “Hemos tomado compadre… no podemos manejar”

Ramiro: “Verdad, pero si puedo”

Emilio: “No podemos… hay batida”

Ramiro: “Oiga compadre, pero de subida no he visto un solo tombo”

Emiliano: “Es que se esconden, pe. Esperan a uno pa’ sacarle plata. Sapos son.”

Ramiro: “Sino le damos plata.”

Emiliano: “A la policía se le respeta.”

Ramiro: “Entonces, por las escaleras? No quiero, mucha lata 8 pisos”

Emiliano: “Pero hacemos ejercicio; y bajamos toda la chela”

Ramiro: “Yo quiero bajar por el ascensor, que no fastidie la tombería”

Emiliano: “No!, nos vamos a matar!”

Ramiro: “Tienes razón, no podemos manejar”

 

Los dos amigos deciden ir por las gradas. Bajan como malabaristas. Sus manos se baten en el aire tratando de mantener el equilibrio.

Emiliano tropieza y empuja a Ramiro; este gira y lo toma a Emiliano de la camisa, jalándolo. Se golpean la cabeza en el aire y caen.

Uno contra el otro se golpea mientras ruedan por las escaleras; sus piernas dan contra las barandas.

Sus camisas se rompen, la piel de ambos se corta, sus rodillas y codos se raspan.

La espada de Ramiro  se dobla, mientras que el hombro de Emiliano se tuerce.

Así van rebotando contra todo como si alguien hubiese tirado pelotas sobre las gradas.

Al fin llegan al descanso entre pisos. Por un rato no se mueven.

El resto del grupo no escucha nada porque sigue celebrando y a esa hora el resto de oficinas ya están vacías.

 

Luego de unos segundos ambos se mueven, como reptando, retorcidos de dolor, aunque algo anestesiados por el alcohol ingerido… pero más mareados que nunca.

 

Entonces Ramiro es el primero en reponerse… se arrastra hasta poder apoyar su espalda contra la pared.

Ramiro: “Chochera, estás bien?”

“No, carajo… me duele todo” dice Emiliano tratando de apoyarse también para sentarse.

 

Ramiro: “Compare… sabes qué?”

Emiliano: “Qué cosa… ta’ que nos hemos sacado la mismísima…”

 

Ramiro: “Yo no sé cómo pero, no tengo brevete y todo este tiempo la policía nunca me ha parado en el ascensor”

***

Fin