Necio licor

25 07 2013

Emiliano salía de la oficina donde trabajaba junto a unos amigos en un pequeño estudios que ellos mismos dirigían. Celebraban que estaban juntos que las cosas iban bien y su proyecto caminaba.

Fue una tarde de licores.

Emiliano estaba bebido, ebrio… lo acompañaba Ramiro, también tomado.

Dando pasos que parecían amagues llegan a la puerta del ascenso. Ramiro lleva su dedo para tocar el botón que llame al ascenso y Emiliano lo detiene.

 

Ramiro: “Oe… compare, qué te pasa?”

Emiliano: “no…”

Ramiro: “No qué?”

Emiliano: “No!”

Ramiro: “No me friegues, déjame llamar al ascensor”

Emiliano: “No podemos”

Ramiro: “¿Pero por qué no?”

Emiliano: “Hemos tomado compadre… no podemos manejar”

Ramiro: “Verdad, pero si puedo”

Emilio: “No podemos… hay batida”

Ramiro: “Oiga compadre, pero de subida no he visto un solo tombo”

Emiliano: “Es que se esconden, pe. Esperan a uno pa’ sacarle plata. Sapos son.”

Ramiro: “Sino le damos plata.”

Emiliano: “A la policía se le respeta.”

Ramiro: “Entonces, por las escaleras? No quiero, mucha lata 8 pisos”

Emiliano: “Pero hacemos ejercicio; y bajamos toda la chela”

Ramiro: “Yo quiero bajar por el ascensor, que no fastidie la tombería”

Emiliano: “No!, nos vamos a matar!”

Ramiro: “Tienes razón, no podemos manejar”

 

Los dos amigos deciden ir por las gradas. Bajan como malabaristas. Sus manos se baten en el aire tratando de mantener el equilibrio.

Emiliano tropieza y empuja a Ramiro; este gira y lo toma a Emiliano de la camisa, jalándolo. Se golpean la cabeza en el aire y caen.

Uno contra el otro se golpea mientras ruedan por las escaleras; sus piernas dan contra las barandas.

Sus camisas se rompen, la piel de ambos se corta, sus rodillas y codos se raspan.

La espada de Ramiro  se dobla, mientras que el hombro de Emiliano se tuerce.

Así van rebotando contra todo como si alguien hubiese tirado pelotas sobre las gradas.

Al fin llegan al descanso entre pisos. Por un rato no se mueven.

El resto del grupo no escucha nada porque sigue celebrando y a esa hora el resto de oficinas ya están vacías.

 

Luego de unos segundos ambos se mueven, como reptando, retorcidos de dolor, aunque algo anestesiados por el alcohol ingerido… pero más mareados que nunca.

 

Entonces Ramiro es el primero en reponerse… se arrastra hasta poder apoyar su espalda contra la pared.

Ramiro: “Chochera, estás bien?”

“No, carajo… me duele todo” dice Emiliano tratando de apoyarse también para sentarse.

 

Ramiro: “Compare… sabes qué?”

Emiliano: “Qué cosa… ta’ que nos hemos sacado la mismísima…”

 

Ramiro: “Yo no sé cómo pero, no tengo brevete y todo este tiempo la policía nunca me ha parado en el ascensor”

***

Fin  





Doctor ratón

23 07 2013

Un ratón andaba inquieto por la calle, extrañamente angustiado.

Algo en el ambiente lo hostigaba, lo ponía mal, pero no sabía qué.

 

De repente la sensación se hizo más clara al entrar un edificio y acercarse a una señora en un departamento.

Con cuidado trató de ver qué le pasaba. Al verla notó que estaba triste; al parecer se había peleado con su hija.

El ratón se dio cuenta que al mirarla podía saber lo que le pasaba; y que ese fastidio que sentía era la pena de la señora que de algún modo él podía percibir.

 

¿Cómo un pequeño ratón podía ayudar a una señora?

 
Dr Ratón
 

El ratón solo sabía hacer un par de cosas, robar y comer. Entonces dejó que su instinto le dijera que hacer; así como su instinto le llevó hasta esa señora.

 

El ratón, siguiendo su olfato, corrió por el edificio y entró a una alacena, esquivando gente, evitando guardias, pasando por ductos, deslizándose entre paredes.

Ya en la alacena encontró un chocolate.

 

El ratón pensó que un chocolate dejado es un chocolate olvidado; porque todo aquel que quiere un chocolate, se lo come y no lo guarda.

 

El ratón tomó el pequeño chocolate y lo llevó a cuestas, a través del edificio hasta el lugar de la señora triste. La miró y nuevamente su tristeza lo embargó.

Aguardó paciente a que se fuera, y sin que nadie le viera, dejó en la mesa el chocolate.

 

Al rato ella volvió, encontró el chocolate y no sabía quién lo dejó; miraba a los lados, pero no preguntó. Sus labios se curvaron sonriendo, su corazón cambió de ritmo, su cara tomó color y con un mordisco de niña, lo probó.

El ratón pudo percibir su alegría, alegría que se volvió regocijo… y él también sonrió.

 

Al día siguiente le pasó lo mismo; él ratón sintió una angustia que le llevó a encontrar a una persona. Sintió su pena y buscó aliviarle con un chocolate olvidado.

 

Y luego pasó lo mismo, un niño resondrado y apenado. Una mujer que perdió unos papeles; un señor que discutió con su mujer.

El ratón, siempre buscando combatir esas penas, pensaba que era el chocolate una especie de antídoto mágico que curaba la tristeza y la volvía alegría que él también sentía y disfrutaba.

 

Pero no era solo el dulce sabor lo que hacía feliz a la gente, era también el hecho de recibir algo de alguien, saber que a alguien le importas y te quiere.

 

Nada mejor que saber que alguien quiere hacerte feliz.

 

El ratón que curaba con chocolate, en verdad lo que hacía era curar con amor.





Jardín de vértigo

22 07 2013

Y con la noche se iba, me quitabas las vendas.

El sol aparecía y me dijiste “el sol es tuyo”.

 

Ahora era mi turno, de la melodía nocturna, fuimos al silencioso bosque.

De entre los árboles, llegamos a un jardín.

 

Ahora con ropas ligeras,  nos pondríamos a jugar.

 

Te siento en el columpio, tomo tu cintura y de ella te empujo.

Yo te empujo y tú vuelas.

 

Me divierto haciendo fuerza y tú con el vaivén.

Y sientes como en tus entrañas algo va de tu pecho a tu vientre.

 

Una y otra vez.

Tú deseosa de que te lleve más alto

Yo ansioso por explotar en cada impulso.

 

Ahora ves todo desde lo alto, todo diferente.

 

Luego te cargo,

Te llevo  a un plato gigante, que rota sobre su propio eje.

Te siento al medio.

Me voy al borde, tomo el pasamano y empiezo a correr, para que disfrutes girando.

 

Y vez el mundo en espirales

como si todo se torciese.

 

Yo río al dar vueltas, al correr y sentirme veloz.

Siento la tensión de mi brazo entre mi hombro y muñeca, el poder de cada paso, cada zancada

Es como bailar al ritmo de tus carcajadas.

 

Disfruto al verte girar y reír.

 

Escuchas mi risa,

Me miras; entre tanto caos, solo yo tengo forma. Lo demás es difuso.

Te gusta y sonríes

mareada, perdida entre los giros,
pero encantada,
Como feliz en un trance.

 

Entonces me subo al plato que aun gira
y nos echamos.

Nos tomamos de la mano para sentir al otro.

Mirando al cielo,
un cielo sin norte, sin sur

Con nubes deformadas, por los giros,

por nuestras mentes mareadas hasta la desubicación

Sin saber si vamos o venimos.

Pero sobre todo, sin querer parar.

 

Sin sabernos si somos niños

Si somos buenos o malos.

Pero nos sabemos, al sentirnos, deliciosos.





Relámpago

22 07 2013

¿Te gustaría un “relámpago”?

Como te conté, es un dulce que me gusta.

 

¿No sabes lo que es?

 

Entonces te llevaré uno, para que recuerdes su dulzura,

su aroma y textura.

 

Es… como una caricia a la lengua o una canción a los labios

La adicción vuelta crema.

Pecado con chocolate.

 

Como si el deseo cupiese en una mano

y se pudiera comer.

Y al probarlo tocase el alma y te impulsara el corazón a latir por él.

 

Cómo será de rico que cuando los dedos lo tocan, ellos ríen.

 

Pequeña,

Ya no sé si hablo del relámpago
o si estoy hablando de ti.





Tu calor y tus rosas

22 07 2013

Será que tú me calientas,

entonces saco chispa.

De ello tú te enciendes

Y tu calor a los dos nos abraza.

 

Me regalaste rosas azules.

Ahora siempre que sienta su aroma, me acordaré de ti.

Y diré que un olor, para mí, es azul.





Lección de noche

17 07 2013

Llegamos a tu santuario, de donde pueden verse las estrellas.

 

Me sentaste en una silla vieja de madera y me pediste que de ella me sujete.

 

Pusiste vendas sobre mis ojos y me dijiste que a la noche, primero, se le escucha.

 

Ya ciego dejaste la música correr, melodías y prosas de quienes habían entendido a la noche, autores sensibles que tenías para mí… son perfectos para mí, me decías.

 

Luego sentí tus dedos enterrarse en mi cabello y tus muslos sobre mis piernas.

 

Acercaste tu boca a mi odio para susurrarme esas canciones. Deliciosa y malévola, me llevabas en la música.

Resaltando frases, incrustando ideas. Ibas grabando en mi mente, ibas tatuando en mi alma emociones que nunca antes pude ver.

 

Con un encanto, un conjuro, o maleficio… me dabas una lección de noche.





Aprendiz

15 07 2013

Al sentirte a mi lado algo sucede.

Es como si deseara seguirte.

 

Te veo pasar, cruzamos miradas.

Sigues de frente, tú tan sensual.

 

Entonces voy de tras tuyo, como si el magnetismo de tus pasos curvos, suaves y firmes me encantaran.

 

Me llevas a una cueva donde todo es más oscuro, donde el día se acaba.

 

Y es como si me pusieras una máscara,  luego una chaqueta negra.

Como si cambiaras también mi pantalón de tela por jean negro mientras sonríes.

Como después de morder mis dedos me pusieras guantes negros.

 

Entonces todo oscuro, me llevaras luego a salir de esa cueva para enfrentar la noche… contigo.