Doctor ratón

23 07 2013

Un ratón andaba inquieto por la calle, extrañamente angustiado.

Algo en el ambiente lo hostigaba, lo ponía mal, pero no sabía qué.

 

De repente la sensación se hizo más clara al entrar un edificio y acercarse a una señora en un departamento.

Con cuidado trató de ver qué le pasaba. Al verla notó que estaba triste; al parecer se había peleado con su hija.

El ratón se dio cuenta que al mirarla podía saber lo que le pasaba; y que ese fastidio que sentía era la pena de la señora que de algún modo él podía percibir.

 

¿Cómo un pequeño ratón podía ayudar a una señora?

 
Dr Ratón
 

El ratón solo sabía hacer un par de cosas, robar y comer. Entonces dejó que su instinto le dijera que hacer; así como su instinto le llevó hasta esa señora.

 

El ratón, siguiendo su olfato, corrió por el edificio y entró a una alacena, esquivando gente, evitando guardias, pasando por ductos, deslizándose entre paredes.

Ya en la alacena encontró un chocolate.

 

El ratón pensó que un chocolate dejado es un chocolate olvidado; porque todo aquel que quiere un chocolate, se lo come y no lo guarda.

 

El ratón tomó el pequeño chocolate y lo llevó a cuestas, a través del edificio hasta el lugar de la señora triste. La miró y nuevamente su tristeza lo embargó.

Aguardó paciente a que se fuera, y sin que nadie le viera, dejó en la mesa el chocolate.

 

Al rato ella volvió, encontró el chocolate y no sabía quién lo dejó; miraba a los lados, pero no preguntó. Sus labios se curvaron sonriendo, su corazón cambió de ritmo, su cara tomó color y con un mordisco de niña, lo probó.

El ratón pudo percibir su alegría, alegría que se volvió regocijo… y él también sonrió.

 

Al día siguiente le pasó lo mismo; él ratón sintió una angustia que le llevó a encontrar a una persona. Sintió su pena y buscó aliviarle con un chocolate olvidado.

 

Y luego pasó lo mismo, un niño resondrado y apenado. Una mujer que perdió unos papeles; un señor que discutió con su mujer.

El ratón, siempre buscando combatir esas penas, pensaba que era el chocolate una especie de antídoto mágico que curaba la tristeza y la volvía alegría que él también sentía y disfrutaba.

 

Pero no era solo el dulce sabor lo que hacía feliz a la gente, era también el hecho de recibir algo de alguien, saber que a alguien le importas y te quiere.

 

Nada mejor que saber que alguien quiere hacerte feliz.

 

El ratón que curaba con chocolate, en verdad lo que hacía era curar con amor.


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2 responses

23 07 2013
Mario Vinatea

Buena historia Jorge y muy cierta.

14 05 2014
Atenea

muy buena historia

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