Caldo de palabras

8 12 2010

Hace poco, a través de una grata experiencia pude descubrir algo muy útil e interesante; descubrí un tipo de local como buena opción para conversar.

A veces pasa que estamos con un amigo o conocido y deseamos hablar, conversar largo y tendido, sobre cualquier tema, la vida, negocios, trabajo, problemas, socializar, etc; y buscamos un lugar cercano, agradable, donde no nos molesten y que no sea precisamente nuestras propias casas.

Los lindos cafés

Por lo general cuando esto me ha sucedido, hago lo mismo que muchos, voy a un bonito café, un lugar aparente, de buen ambiente, con variedad de bebidas calientes o frías, cómodos muebles, lugar distendido, música muy suave o ninguna, agradable a la vista, con pequeños pancecillos y demás cosillas para degustar. Además de estar de moda.

El asunto con los cafés, es que a veces están llenos, o fácilmente se ocupan. Lo que pides te dura poco y no es re barato andar consumiendo. Tienen algunos un horario estricto y no puedes quedarte hasta muy tarde por lo que pueden interrumpirte decirte que ya están cerrando.

Quizá es genial para una conversación algo corta, o como un previo, quizá como punto de encuentro o para ir simplemente porque te gusta por lo lindo, rico y acogedores que son. No lo niego, a mi también me gustan.

El descubrimiento

Si eres peruano y sobre todo si eres limeño, debes conocer los populares caldo de gallina; esos locales por lo general algo amplios, muy simples, donde ofrecen una corta variedad de comidas además del obvio caldo, uno que otro piqueo tal vez y hasta cerveza. Yo también los conozco y desde hace muchos años, pero fue increíble darme cuenta recién de lo útiles que pueden ser estos locales cuando uno simplemente desea sentarse a conversar.

Me encontraba hace algunos días (quizá una semana) con una amigo, por la noche, saliendo de una reunión; por la hora y por querer hablar con libertad sin incomodar, deseábamos ir a un local a continuar la charla, desafortunadamente, varios locales estaban cerrando, no encontrábamos uno aparente… pero el asunto cambió cuando luego de caminar algunas cuadras nos cruzamos con un caldo de gallina.

Apenas lo vi, supe que era el lugar perfecto, y ya adentro terminé comprobando mi idea.

Nunca cierran; atienden las 24 horas o hasta altas horas de la noche, siempre encontrarás uno abierto.

Siempre hay sitio libre, por ende no tendrás que esperar

Nadie te bota, porque siempre hay espacio libre y el local nunca cierra.

Lo que pidas durará, si es en un caldo de gallina, ten por seguro que lo que pidas podrá durar.

Sale a cuenta, incluso si ya consumiste y no quieres quedarte sin nada en la mesa, puedes pedir más sin gran temor a la cuenta final.

Licor para seguir: Si ya no quieres comer y te animas por algo mas interesante, casi siempre hay una cervecita para pedir y continuar la lora con mas soltura y alegría.

Conclusiones

Les cuento que me quedé como 2 horas y algo mas en ese lugar sin que nadie nos moleste, sin incomodar a nadie tampoco… para terminar aproximadamente a las 3 de la mañana y con  una cuenta completamente razonable.

Todos estos motivos hacen, para mi, al caldo de gallina una buena opción para conversar a sus anchas y sin freno.

 

Caldo de gallina, 100% recomendable.

 

 


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