El Panteonero de Huancapi

13 09 2010

Se denomina panteonero al enterrador, al que lleva al muerto bajo tierra en el cementerio. Ese oscuro nombre le han dado los pobladores de Huancapi al licor, al traguito.

Huancapi, capital de Victor Fajardo, provincia de Ayacucho, departamento del Perú.

Parte 1 – El vicio

Huancapi es un pueblo alcohólico, y sus pobladores saben que su vicio a llevado a  muchos de sus seres queridos a la tumba, al panteón. Ellos también relacionan su vicio con el fracaso personal y el atraso de su comunidad.

Parte 2 – Trago, siempre.

No dejan el trago, los persigue día a día y lo encuentran en cada esquina. Es parte de su dieta diaria y está siempre presente en todas las tiendas, a toda hora.

Parte 3 – Violencia y licor, siempre juntos.

El alcoholismo lleva siempre, irremediablemente, a la violencia familiar. Junto con otras fracturas al núcleo de la sociedad que nos trae el alcohol, están los huesos rotos y patadas.

Hasta 4 denuncias de violencia familiar al día y nadie es responsable; ni la policía, ni la fiscalía, ni la alcaldía, ni nadie hace mas que criticar al otro, sobre un pueblo del cual ellos son responsables.

Parte 4 – Droga legal, veneno a granel

El alcohol es el campeón en ventas, y aunque sus distribuidores no se atreven a beberlo, porque saben que tan dañino es, lo venden porque la demanda lo pide. Les da pena la pobreza de sus pueblos, pero no se sienten culpables por la droga que llevan y que hace pobre a su gente.

Parte 5 – Págame con trago

No hay trabajador que no chupe, y no hay trabajador que exija a su empleador trago en el trabajo, licor por la mañana, licor a medio día y licor por la tarde, para trabajar; para colmo el pago recibido tiene un claro destino, el trago.

La razón para no cambiar, “es la costumbre”; pero existen costumbres nocivas, esta es una; estas personas no necesitan alcohol, no necesitan droga; necesitan técnica, necesitan descanso y alimento para trabajar mejor.

Parte 6 – Pobre costumbre

Uno se acostumbra a su pobreza, se acomoda en su situación y no puede ver la puerta para salir de la miseria.

Pero aún hay ánimos por cambiar, esperanza para surgir; como esa niña que con tanta lucidez, no pide juguetes, no pide golosinas; pide que sus padres dejen el trago, que se ocupen de sus familias, que les den alimento y que les den educación.

Reflexiones finales

Si las autoridades locales no reaccionan, la administración central debe actuar; es increíble que se haya dejado bajo una administración local irresponsable la suerte de un pueblo peruano, que año a año, década tras década se hunde en su miseria. Cómo hemos podido estar a espaldas de lo que sucede allí, felices desde nuestra tribuna durante tanto tiempo, cómodos en la posición de que es asunto de la administración local… es para no creerlo.

Presiento que hay esperanza, que hay fe y ganas por salir adelante, no todo es un lamento lloroso y derrotado. Los más jóvenes quieren surgir, muchos reflexionan y saben que deben cambiar y pueden cambiar.


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