CURA POR UN DÍA

17 05 2009

Esto me pasó hace más de un año…

Los viernes en mi trabajo, eran  días casuales y como tales, uno podía vestir mas cómodamente.  Yo tengo una camisa negra con un corte y tono muy parecido al que usan los curas, mi contextura es delgada, mi pelo suelo llevarlo corto y ordenado… Una amiga me miró y por hacer una broma me puso un collarín de cura, con él realmente parecía un cura… la broma me hizo gracia y me lo quedé durante todo el día.

La gente en el restaurante:

Coincidentemente, los viernes, con mis amigos del trabajo nos solemos dar un gusto y gastamos un poco más en un buen restaurante… yo andaba por la calle y las personas me miraban, definitivamente creían que era un cura. Una vez en el restaurante mucha más gente me miraba, mis amigos lo notaban… no podíamos evitar sonreír y decirnos “¿Qué estarán pensando al verme entrar a este lugar?… un humilde cura, dándose la gran vida”; todo esto me hace recordar una vieja frase “Bocato di cardenale”… basado en eso, creo que los curas tienen derecho a comer muy bien… incluso en los restaurantes mas caros de Lima.

En la clase:

Ese mismo día tenía clase de inglés luego del trabajo, asistí a la clase como cura. Sorpresa de mis compañeros no se hizo esperar, muchos pensaron que era cura… algunos se sentían cohibidos, no se por qué… creo que sentían curiosidad y deseaban preguntarme muchas cosas. Una señora del grupo hacía comentarios que lindaban con las tentaciones y el demonio… y me miraba a los ojos esperando mi palabra, mi consejo… mejor dicho mi guía como pastor religioso de un rebaño descarriado y necesitado de un camino.

Ella:

Si… “ella”, para ese entonces tenía algunas semanas “congeniando” con una chica; ella me gustaba mucho, me interesaba y al parecer yo le agradaba; se puede decir sin caer en error que estábamos coqueteando el uno con el otro…

… pero un día llegué a las clases y me vio allí, con mi camisa negra y mi collarín de cura, junto al resto de gente que me preguntaba sobre la vida y los pecados. Ella estaba helada, su asombro se veía en sus ojos… en las últimas semanas ella había estado saliendo, coqueteando, paseando, conversando tantas cosas… sintiendo atracciones y teniendo quien sabe “qué” pensamientos… con un cura.

Fue una experiencia deliciosa y memorable; me divertí mucho y cada vez que lo recuerdo me hace sonreir.

jesus-cool

 

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